(Cap.3) Kalum: El Planeta Nigromante
Capitulo 1 "La sombra"
Recordaré por siempre aquellos días de mi infancia en los que me sentía como un extraño en este mundo. La mayoría de las personas a mi alrededor reconocían mi intelecto, pero no siempre me sentía cómodo con ello. Tal vez por eso, me fastidiaban y era como si quisieran moldearme en algo que no era humano. La gente solía verme como el hijo de un prodigio, pero en realidad, yo sabía que mi verdadera naturaleza era algo mucho más allá de lo que podía ser entendido por la mente humana.
Mis compañeros de clase y los niños de mi edad no querían acercarse a mí, como si instintivamente supieran que algo no estaba bien conmigo. Yo prefería mantenerme a distancia también, en momentos de efímera libertad, dedicaba mis horas a contemplar el cielo, ya sea en el día o la noche. Me cuestionaba el porqué de todo, negándome a aceptar la realidad que se presentaba ante mi ventana, tanto de la conciencia como de la habitación.
A pesar del amor y la protección de mis padres, sentía una inquietud constante por explorar el mundo fuera de mi casa. A menudo me preguntaba qué cosas habría más allá de las paredes de mi habitación y de mi hogar en general. Pero sabía que algo oculto en las sombras acechaba, algo que la mayoría de la gente no podía ver ni entender.
Fue gracias a los libros que descubrí la verdad sobre mi propia naturaleza. Me sumergí en todo lo que encontraba a mi alcance, desde novelas hasta libros de ciencias y filosofía. Y a medida que devoraba página tras página, comencé a sentir que algo se removía en las profundidades de mi ser. Un horror cósmico que estaba destinado a despertar y consumir todo lo que conocía.
Nunca olvidaré el día antes de asistir por primera vez al colegio, tenía cerca de siete años, aquel era un domingo de junio del año 2099, estábamos desayunando en el comedor mi madre, mi hermana y yo, mientras mi padre trabajaba dentro de su oficina. La mañana transcurría sin ningún percance, pero yo sabía que algo estaba a punto de suceder. Algo que desencadenaría una serie de eventos. Estaba a punto de terminar el último pedazo de pastel de chocolate con zarzamora que mi madre preparaba cada semana y servía después del desayuno.
Mientras tomaba el desayuno, sentí que mi madre y mi hermana intercambiaban miradas extrañas, lo que me hizo sentir incómodo. De repente, mi hermana se levantó de la mesa como si algo la hubiera enfurecido y, con desgana, agradeció a nuestra madre por el desayuno antes de subir apresuradamente a su habitación y cerrar la puerta de un golpe. La sonrisa tranquila de mi madre me desconcertó aún más.
— Tu hermana tiene algunos problemas personales que necesita resolver, no te preocupes demasiado por eso. Además, mañana es un día importante para ti, ¿verdad? Vas a empezar la escuela, estoy segura de que lo harás muy bien.
Aunque asentí con la cabeza, no pude evitar sentir una extraña inquietud. De repente, mi madre tomó su taza de cerámica blanca con ambas manos y dio un sorbo al líquido dentro de ella. Luego, con serenidad, me dijo:
— Sabes, hijo, eres una persona muy especial de la cual me siento muy orgullosa. A tu corta edad, has demostrado tener capacidades superiores a los demás niños, pero tristemente te estás convirtiendo en una persona infeliz. Te lo digo porque hay cosas que solo cierto tipo de humanos pueden entender, y no todos tienen la capacidad de discernir correctamente. Pronto se te mostrará el por qué, y tal vez así comprendas la reacción de tu hermana. ¿Quizás solo está celosa? ¿No lo crees?
No supe qué decir, solo asentí con la cabeza. Después de terminar el desayuno, agradecí a mi madre y me fui a mi habitación a preparar mi mochila para el primer día de escuela. Pero al entrar, sentí un escalofrío que recorrió toda mi columna vertebral, un olor putrefacto se hizo presente, me cubrí la nariz y corrí al baño. Cuando regresé a mi habitación, el olor había desaparecido, pero la puerta parecía más pesada de lo normal. Al cerrarla, sentí como si quisiera impedir que algo desconocido entrara.
Una vez que me tranquilicé, caminé hacia la ventana y la abrí para sentir el aire fresco del exterior. En ese momento, pude escuchar las campanillas del péndulo que adornaba la sala, marcando las once de la mañana. Los rayos del sol se filtraban a través de las ramas del frondoso encino que seguía en pie frente a mi habitación. El encino se elevaba imponente a más de treinta metros del suelo, un coloso de más de ochocientos años de antigüedad. Mi padre decía que había sido testigo de horrores inimaginables en aquel vasto bosque que alguna vez ocupó el lugar de nuestra casa. Brujas malvadas realizaban rituales oscuros, invocando entidades malignas y desatando una ola de asesinatos. Incluso se habían descubierto restos de cuerpos destrozados por los salvajes animales del bosque.
A pesar de que los años habían borrado gran parte de los terrores del sitio, todavía se podía observar su siniestra decadencia en los alrededores de la casa. Al pensar en todo ello una vez más, sentí de nuevo el escalofrío recorriendo mi espalda, fue sólo una ilusión momentánea ese mundo de sombras y maldad gracias a la claridad azulada del cielo matinal.
Fui sobresaltado por la voz de Albana en mi habitación, no había notado su presencia. Me giré hacia ella y la vi sentada en mi cama, justo en el rincón donde la luz no penetraba del todo, El tono de su voz era baja y misteriosa.
— A partir de ahora estarás bajo su custodia, ¿lo sabes?—, dijo ella en un tono amenazador.
Mi corazón comenzó a latir más rápido y sentí un escalofrío recorriendo mi espalda. —No entiendo de qué me hablas—, le respondí con un tono tembloroso y lleno de miedo.
—A partir de hoy, todo será diferente—, continuó Albana con voz susurrante y misteriosa. —Todo lo que sabes dejará de ser real—. Me sentí paralizado y mis ojos se abrieron de par en par.
—Él es muy inteligente, pero si quieres que te sea honesta, debes ser muy cuidadoso y no tomar muy en serio lo que te enseñe—, me advirtió Albana con una sonrisa apesadumbrada en su rostro. —De lo contrario, entrarás en un letargo de confusión del que te será muy difícil salir, y con el tiempo, desearás no haberlo conocido nunca-—.
Me sentí aterrorizado y sin saber qué hacer.
—No intento asustarte, solo te prevengo—, concluyó Albana antes de salir de mi habitación, dejando la puerta abierta.
Me quedé allí temblando, con la sensación de que algo siniestro se avecinaba.
El pasillo que conectaba nuestras habitaciones estaba iluminado por una serie de tragaluces que nuestro padre había instalado en el techo. Cuando la luz cayó sobre mi hermana de nuevo, sentí una ola de pánico recorriendo mi cuerpo. El hedor putrefacto volvió a llenar el aire, y pude ver una titánica y alargada sombra deslizándose detrás de ella y colándose en su habitación justo antes de que la puerta se cerrara con un portazo ensordecedor.
Quedé paralizado, temblando del miedo, sin saber qué hacer ni qué pensar. ¿Qué demonios estaba sucediendo? ¿Qué era esa sombra de tan titánica forma? ¿Por qué mi hermana interactuaba con esa extraña criatura? Un profundo pánico se apoderó de mí mientras esperaba en silencio a que mi hermana saliera de su habitación.
De repente, la voz de mi madre resonó en el comedor llamándome. Descendí temblando las escaleras, sintiendo la presencia de algo inquietante en el ambiente. Mi boca estaba seca y mi respiración entrecortada, como si estuviera siendo asfixiado por una fuerza invisible. Al estar en presencia de mi madre, le pedí un momento para servirme agua. Casi corrí hacia la cocina y tomé el primer recipiente que encontré. Lo llené con agua del grifo un par de veces y bebí todo el contenido hasta el fondo, desesperado por calmar la sensación de pánico que me invadía.
Pero incluso después de beber agua, el miedo seguía latente, envolviéndome como una manta fría. Traté de respirar profundo y concentrarme en mi realidad, pero nada parecía funcionar. ¿Qué estaba pasando en mi casa? ¿Por qué me sentía así? Las preguntas se acumulaban en mi mente, sin respuesta.
Mi madre estaba recargada sobre el canto de la entrada a la cocina, mirándome fijamente con sus pupilas color marrón que parecían contener una oscura intención. Deposité el recipiente sobre el fregadero y me volteé para enfrentar su mirada, pero lo que vi en sus ojos me hizo temblar aún más. Era como si una presencia malévola la hubiera poseído, convirtiéndola en un ser inhumano.
— ¿Te pasa algo, hijo? —preguntó con escepticismo y preocupación, pero su voz sonaba extraña, como si fuera una imitación imperfecta de sí misma.
—No, no pasa nada —respondí rápidamente, aunque mi voz temblaba ligeramente, consciente de que algo siniestro estaba sucediendo a mí alrededor.
Mi madre clavo sus ojos en mí, tenía la sensación de que podía leer mis pensamientos más oscuros. Parecía no estar convencida de mi respuesta, y nuevamente sentí el mismo escalofrío de mi recamara recorriendo mi espalda.
—Estás temblando, ¿estás seguro de que todo está bien? —me preguntó, su nerviosismo se notaba en su tono de voz, como si estuviera a punto de estallar en una risa malévola.
Traté de ocultar mi temor y forcé una sonrisa. —Sí, todo está bien, solo necesitaba beber agua —mentí, sabiendo que no podía confiar en mi propia madre.
Ella asintió y me invitó a acompañarla al despacho de mi padre. —Vamos, tu padre nos está esperando allí —dijo con un tono decidido, pero todavía con cierta preocupación en su rostro, como si supiera lo que estaba sucediendo y quisiera mantenerme en la oscuridad.
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